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¿Jesucristo Carecía de Fe y era Débil? Lloró, Sudó Sangre y Tenía Miedo…

March 28, 2013

* EPISODIOS DE ANGUSTIA: MIEDO A MORIR, SUDOR FRÍO, LLANTO…

 

* JESUCRISTO PRESENTÓ TODOS ESOS SIGNOS Y SÍNTOMAS

 

* HOY, ALGUNOS CATÓLICOS, LOS VEN COMO “INMADUREZ”

 

 

Dos episodios de plena debilidad humana vividos, sufridos por Jesucristo, descalifican a ciertos católicos que hoy suelen calificar de “inmadurez” o “faltos de fe” a los que lloran o padecen episodios de angustia, debido a problemas que enfrentan, miedo ante un futuro poco halagüeño y/o la pérdida de un ser querido.

 

1.-  Tengo algunos amigos que consideran como signo “positivo”, “maduro”…el que una persona no llore ante la muerte de un ser querido. Creen que quien no se sacude por el fallecimiento del otro, y se mantiene –dicen–, “entero”, es un hombre de fe.

Pregunto: ¿Jesucristo no era un hombre de fe? ¿Jesucristo era un hombre inmaduro, de poca enteraza, al llorar por la muerte de su amigo Lázaro?

 

2-  Tengo amigos que cuando alguno de nosotros ha sufrido un episodio de angustia –y hasta al hospital ha tenido que ir a dar, por la elevación de la presión cardiaca–, igualmente nos califican de “faltos de fe”, de “inmaduros”, de “poco confiables” para realizar ciertas tareas o asumir determinadas responsabilidades.

Pregunto: ¿Jesucristo “carecía de fe”? ¿Era Jesucristo un hombre #inmaduro”? ¿Era Jesucristo real, auténtica, humanamente confiable para realizar tareas de gran envergadura…?

Porque si nos dejamos llevar por los signos y síntomas que experimentó, que sufrió, que vivió, que padeció Jesucristo –y que conocemos gracias a las Sagradas Escrituras desde hace más de dos mil años…–, a los ojos de algunos católicos de hoy, Jesucristo no sería digno de seguir, de admirar, de imitar. Leamos el Evangelio de hoy y comprobemos lo que digo:

 

 

Entonces fue Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.

Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.

Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: ¡Padre mío!, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.

Volvió entonces donde los discípulos y los encontró dormidos; y dijo a Pedro: ¿Ni siquiera has podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.

Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: ¡Padre mío!, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

Y cayó en agonía y su oración se hizo más apretada. Y le vino un sudor como de gotas de sangre que chorreaba hasta el suelo. Y apareció en Ángel del cielo, confortándole.

Vino entonces donde los discípulos y les dijo: Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡Vamos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.

Jesucristo lloró.

Jesucristo padeció lo que los profesionales de la Psicología y la Terapia Psicoanalítica reconocemos hoy como un auténtico episodio de angustia.

Estaba tan temeroso de lo que vendría sobre él, que hasta sudó sangre. Le chorreaba. Caía al piso. 

Tenía miedo. Miedo a morir. (¿Cuántos de nosotros no hemos padecido esos episodios de angistia en los que ue lo primero que tememos es morir?).

Humanamente estaba abatido. Desfalleciente. “Cayó en agonía” (sic). Y requirió de apoyo sobrenatural: un Ängel lo confortaba.

(Tema de otro comentario será, efectivamente, el remedio, la cura,la terapía que el mismo Jesucristo nos ofreció: la oración, la diposición a la voluntad del Padre, y el requerimiento de ayuda a nuestro Ängel de la Guarda…)

Frente a esa imagen de Dios. Del Dios vivo. Del Dios-Hombre…¿por qué hay personas hoy tan duras de corazón para juzgar, para descalificar, para menospreciar, para marginar, para relegar, al que sufre, al que llora, al que se angustia…?

¿Pues que acaso olvidan que los hombres fuimos creados a imagen y semejanza de Dios…?

* El autor posee estudios en la Licenciatura de Psicología, tiene título de Maestro en Psicología y es Maestrando en Psicoterapia Psicoanalítica.

 

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