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Dios no existe, Teología Civil, Guerrilla y Sínodo sobre la Familia

February 2, 2015

*  LA “ÉTICA DEL DISCURSO”, PRETENDE SER IMPUESTA POR ALGUNOS CARDENALES Y OBISPOS

*  YA RATZINGER HABÍA RECORDADO: “CRISTO SE DENOMINÓ LA VERDAD, NO LA COSTUMBRE”

*  OLVIDAN LAS “BIENAVENTURANZAS” Y SE ENFILAN POR LA “LIBERACIÓN” GUERRILLERA

De JOSÉ A. PÉREZ STUART

La escalada racional emprendida por Juan Pablo ll y Benedicto XVl tanto para enfrentar la dictadura del relativismo en que se asienta la Posmodernidad, como para con ella ofrecer certezas y seguridades a una sociedad escéptica, descreída, sin sentido y valedora de los cárteles mundiales de la droga…parece haber sido cortada en el seno de la misma Iglesia por algunos cardenales y obispos, promotores de propuestas escandalosas que han contribuido a fomentar la incertidumbre, la inseguridad, el desconcierto entre las personas.

En efecto, propuestas hechas en torno a la práctica homosexual, la accecibilidad al sacramento de la Comunión por parte de los divorciados vueltos a casar, así como la elusión de la catolicidad en aras de un macroecumenismo posdemodernista en el que desaparece la verdad absoluta en aras de la verdad relativa que equipara a la Iglesia con cualquier secta o religión, han sembrado inquietud y zozobra entre los católicos de todo el mundo, pero también han servido para mostrar hasta dónde han penetrado el liberalismo y el modernismo en la única institución que les hizo frente.

Así es, detrás de la pretensión de relativizar los preceptos evangélicos en aras de la misericordia mal entendida; detrás de ese afán por emplear calificativos (que no razones) contra los que amparan su fidelidad en la Palabra de Jesús, y detrás del intento por adecuar los principios morales a las tendencias temporales, en vez de que éstas se reencuentren con aquellos, que son palabra de vida eterna…subyace el pensamiento modernista que es precisamente el responsable del desorden social que enfrenta la humanidad.

Cuando se escucha o se leen las propuestas de algunos cardenales u obispos en torno a la elusión de la Palabra de Dios, de los preceptos divinos, en aras de una “Pastoral” de acogida que renuncia a la conversión de la otredad deliberada, consciente, libremente pecaminosa, queda en claro que quienes ello pretenden es enterrar la Moral y sumergir a las personas, y a la Iglesia misma, en dos de las fuentes generadoras de la confusión social reinante:

A)  La llamada Teología Civil y

B) La llamada Etica del Discurso.

En otras palabras, no hay nada escrito. No hay nada definitivo.  No debe haber supeditación a algo predeterminado, preternatural, absoluto. Por lo mismo, no hay ni Ley Divina, y mucho menos Derecho Natural. Como diría Cortés en su canción: “se hace camino al andar”. Golpe a golpe. Palmo a palmo. Prueba y error. Prueba y error. Que nadie nos venga a imponer conductas, preceptos, principios. Nada de que San Pablo habló de que no tendrán salvación los homosexuales. Mejor llevemos a los obispos y cardenales –como así sucedió–, al Sínodo de la Familia, a homosexuales y familias con ellos. Que los preceptos evangélicos queden allá, en el Olimpo, en lo alto. Adecuemos la Pastoral a los hechos, a la práctica. Hagamos, pues, de la Teología Moral sustentada en la Sagrada Tradición, las Sagradas Escrituras y el Magisterio continuo de la Iglesia, mejor una Teología Civil. Una “teología”, pues, funcionalista, que se adecua, que deja vivir sin arrepentimientos, sin remordimientos, sin culpabilidades a parejas del mismo sexo, a arrejuntados, a jóvenes sin casarse, a divorciados vueltos a las nupcias una y otra vez. Una “teología”, la Teología Civil, a la cual, en forma reiterada, Benedicto XVl refutaba con palabras de Tertuliano:

“Cristo se denominó a sí mismo la verdad, no la costumbre”.

De jóvenes, nos hacían entrar en razón de manera muy sencilla pero contundente: “O vives como piensas, o terminarás pensando como vives…”

Y eso último, que nos asustaba, porque evidentemente buscábamos mantenernos firmes…hoy incluso dentro de la Iglesia hay quienes lo eluden, haciendo suya la filosofía laicista de Habermas: la ética se hace, no se impone.

La base de Habermas, con su Etica del Discurso, es precisamente esa: sentémonos todos en condición de iguales para dialogar, y producir así las normas que habrán de regir la vida del hombre en la sociedad. Aquí no hay pecados ni pecadores. Nada de salvación. Nada de minorías que se creen poseedoras de la salvación. Nada de vida eterna. Lo que importa es el aquí y el ahora. Todos a la mesa. Establezcamos las reglas. Esa será la Etica. A través del diálogo. Nada de imposiciones ni leyes preternaturales. La Etica la hacemos todos, a través de nuestra palabra y no en base al Logos, a la Palabra Eterna. Nada de eso. Somos, por sobre todo, ciudadanos del mundo y, como éste es cambiante, la Ética debe serlo también. Por lo mismo, el discurso convierte a los ciudadanos en parlamentarios, en hacedores de leyes, de la Ética que ajustan continuamente para evitar su obsolescencia. Si no hay Dios, el ciudadano es un permanente constituyente o constituyente permanente, arquitecto de su propia vida.

La Ética del discurso de Habermas, la Nueva Ética de Hans Küng y las propuestas de algunos obispos y cardenales de la Iglesia, si se observa con detenimiento, contienen la misma dosis de relativismo. De funcionalismo. Una Etica que ya no radica en la verdad, sino en las conveniencias, la eficacia, la funcionalidad; en lo cambiante y no en lo permanente; en la puerta ancha, y ya no en la angosta. Todas las religiones son iguales. Todos nos vamos a salvar. Todos nos vamos a ir al cielo. La confesión no es un Juicio. Que nadie se sienta con más autoridad moral frente al otro. La Teología ya es civil. No en base a la Palabra, el Logos, sino en el discurso humano. Lo que importa es el aquí y el ahora. Por eso los macarismos deben ser ya entendidos en clave económica, dialéctica, de lucha de clases. ¿Bienaventurados…? No, hombre. qué va; eso ya pasó de moda: ahora deben ser “liberados” a través de los “movimientos populares”, las guerrillas.

Frente a las evidencias, frente a los hechos presentes, es indiscutible que Nietzsche tenía razón cuando afirmaba “Dios no existe”, como preludio de la posmodernidad. 

Y “Dios no existe” porque aquellos que deberían buscar la dignificación de la persona en base al hecho de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, ahora están creando un Dios a la imagen y semejanza de cada uno de los hombres. Un Dios light. Un “dios” alcahuete. Un Dios, pues, a tono: relativista, a modo de ver de cada cual. Según “la experiencia” de cada quien.  Por tanto, un falso dios. Falso porque es un “dios” de esquizofrénicos, que dicen una cosa, pero viven y recomiendan otra.

Por lo pronto, se acerca el Sínodo sobre la Familia en Roma, donde algunos pretenden, mediante el discurso, cambiar la Teología Moral fincada en la Palabra, por la Teología Civil, de los hechos consumados.

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